"...Recorred nuestros paseos, mirad las estatuas de nuestros hombres de
pensamiento: ¡qué cisos (sic) de valores efectivos! A la excepción de 4 ó
5, ninguno de ellos habría sabido responder en un examen universitario
de hombres serios ¡qué sabios de aldea, qué cerebros más primarios!
¿En dónde fuera de aquí iban a tener estatuas esos pobrecitos?
Es necesario levantar estatuas en los paseos y como no hay a quién
elevárselas, el pueblo busca el primero que pilla, y cuando es el pueblo
el que levanta monumentos, ellos surgen debido a las influencias de
familias, son los hijos que levantan monumento al papá en
agradecimiento por haberlos echado al mundo. ¡Es conmovedor! (...)
¿Y la Justicia?
La Justicia de Chile haría reir, si no hiciera llorar. Una Justicia que lleva
en un platillo de la balanza la verdad y en el otro platillo, un queso. La
balanza inclinada del lado del queso.
Nuestra Justicia es un absceso putrefacto que empesta el aire y hace la
atmósfera irrespirable. Dura o inflexible para los de abajo, blanda y
sonriente con los de arriba. Nuestra Justicia está podrida y hay que
barrerla en masa. Judas sentado en el tribunal después de la
crucificación, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su
infamia, mientras interroga a un ladrón de gallinas.
Una Justicia tuerta. El ojo que mira a los grandes de la tierra, sellado,
lacrado por un peso fuerte y sólo abierto el otro, el que se dirige a los
pequeños, a los débiles.
Buscáis a los agitadores en el pueblo. No, mil veces no; el más grande
agitador del pueblo es la Injusticia, eres tú mismo que andas buscando
a los agitadores de abajo y olvidas a los de arriba.
(...)
El mundo ignorará siempre el nombre de los pequeños politiquillos y
comerciantes que vivieron en la época de los grandes hombres. Sólo
aquellos que lograron representar el alma nacional llegaron hasta
nosotros; de Grecia guardamos en nuestro corazón el nombre de Platón
y de Pericles, pero no sabemos quiénes eran sus proveedores de ropa y
alimentos.
(...)
Y no es culpa del extranjero que viene a negocios en nuestra tierra. Se
compra lo que se vende; en un país en donde se vende conciencias, se
compra conciencias. La vergüenza es para el país. El oprobio es para el
vendido, no para el comprador.(...)
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